Nuestro poeta nace originalmente con el nombre de Efrén Huerta Roma el 18 de junio de 1914 en Silao, Guanajuato, empezando a utilizar el nombre de pluma de Efraín Huerta en la adolescencia por consejo de amigos suyos, parecía que “Efraín” sonaba más musical. Cursó sus estudios primarios y secundarios en León y Querétaro. En su adolescencia, fue a vivir a la capital de la República, llevando a cabo estudios en la Preparatoria Nacional de San Ildefonso. Más tarde ingresó en la carrera de leyes, que dejó inconclusa para dedicarse al periodismo y la creación poética, las cuales practicaría tenazmente durante casi cincuenta años. De 1938 a 1941 participó en la edición de la emblemática revista literaria Taller, a lado de sus compañeros Alberto Quintero Alvarez, Octavio Paz y Rafael Solana, con quienes además compartió tendencias de discurso caracterizadas por una búsqueda de solidaridad social.
Colaboró en los principales periódicos y revistas de la capital y en algunos de provincia, como en la revista Poemas del Bajío. Al mismo tiempo, interesado en la política y los movimientos sociales, participó de organizaciones de izquierda, militando algunos años en las filas del Partido Comunista Mexicano.
La escritura de esta época de Huerta se ve afectada por los grandes cambios mundiales de orden político y social (la entreguerra, el nazifascismo europeo, la Guerra Civil Española y, en México, el régimen del presidente Lázaro Cárdenas) al mismo tiempo que por la fiebre surrealista, que entonces tenía una gravitación casi universal en las letras.
Los primeros libros poéticos de Huerta versan sobre el amor con tonos de adelgazada melancolía, en la que aún no se vislumbra el poeta contestatario, desenfadado y a veces ácido de sus libros de madurez, en los que se figura como un poeta urbano, politizado, indignado y conmovedor, lo que lo llevó al gusto de un gran público que terminaría situándolo como una de las principales voces poéticas del México del siglo XX. Vale la pena destacar un libro fundamental de entre su vasta producción, publicado en 1944: Los hombres del alba, expresión de uno de sus momentos cumbre. En él habla de la ciudad, cantando a sus habitantes en un lirismo apasionado que le llevó a ser considerado un «poeta de la ciudad», fórmula sintética que lo sitúa en la tradición de Charles Baudelaire en París, o de Dámaso Alonso en Madrid, por ejemplo; autores que encontraron en la agonía a las urbes su tema principal.
Al lado de su trabajo como poeta, ejerció el de la crítica de cine, usando varios pseudónimos. Su bibliografía se compone de los poemarios: Absoluto amor (1935); Línea del alba 1936; Los hombres del alba (1944); Poemas de guerra y esperanza (1943); La rosa primitiva (1950); Poesía (1951); Poemas de viaje (1953); Estrella en alto y nuevos poemas (1956); Para gozar tu paz (1957); ¡Mi país, oh mi país! (1959); Elegía de la policía montada (1959); Farsa trágica del presidente que quería una isla (1961); La raíz amarga (1962); El Tajín (1963); Poemas prohibidos y de amor (1973); Los eróticos y otros poemas (1974); Estampida de poemínimos (1980); Tranza poética (1980). En 1956 escribió el ensayo Maiakovski, poeta del futuro. Para algunos de sus críticos y comentaristas, Huerta es principalmente un poeta amoroso; para otros, su contribución a las letras es su encendido tono de protesta civil.
También es célebre por sus “poemínimos”, minúsculos poemas, principalmente de corte humorístico o crítico de los cuales ya hemos hablado en este espacio, y por ser impulsor de un movimiento literario denominado “el cocodrilismo”, que pretendía refutar el dolor con humor: “Hay que meterse bajo la dura piel del cocodrilo: animal que soporta, persevera y no se esconde: sigue allí bostezando, o a lo mejor, riéndose de nosotros”, escribió el poeta. Por esta razón recibiría el mote de “El gran cocodrilo”.
Entre otros premios recibió Las Palmas Académicas del gobierno de Francia en 1945, el premio Xavier Villaurrutia en 1975, el Premio Nacional de Artes en 1976 y el Premio Nacional de Periodismo en 1978.
Hoy por hoy, Huerta es considerado como una de las cimas literarias del estado de Guanajuato. Esperamos que esta breve reseña de su trabajo poético siembre en el lector la inquietud de su lectura o relectura, según el caso, pues afortunadamente existen gran cantidad de ediciones de su poesía, es autor obligado en las antologías de poesía mexicana del siglo XX, y se le encuentra con facilidad en las bibliotecas públicas y escolares de este estado.