“Aquí los muertos no cantan” de Julieta Navarrete Cervantes

by 9 septiembre, 2024

Aquí los muertos no cantan (Ediciones La Rana, 2023) es el primer cuentario de Julieta Navarrete Cervantes, nacida en Baja California del Sur en 1992, pero avecindada en Guanajuato desde hace varios años. En la solapa del libro se lee: “Arquitecta con vocación de investigadora, diseña las historias desde los ojos de la ciudad, la cual se achica y se engrandece con cadencia, dependiendo de los ojos de quién la mire. Sus textos rinden homenaje a la naturaleza melancólica y erótica que empapa sus párrafos. […] Ejerce su oficio de escritora desde la trinchera de una moderna y desgarradora cotidianidad.” Como dato curricular, se refiere que obtuvo el segundo lugar en el concurso de cuento corto realizado por la Casa de la Cultura Efrén Hernández, con sede en la ciudad de Guanajuato. Este libro es resultado del Seminario de Cuento Efrén Hernández, donde la autora tuvo la tutoría de Claudina Domingo. Nuevamente, la imagen de cubierta corresponde a Tanya González Frausto, quien desde el inicio ha ilustrado la colección “Fondo para las Letras Guanajuatenses” donde se publican las obras resultado de este programa de profesionalización de escritores que tanto ha servido a la comunidad de autores de literatura del estado.
            Claudina Domingo escribe que “Estos cuentos relatan, en su conjunto, la historia de un pueblo; el tono de la escritura es de una morbidez rulfiana muy acertada, sin que este epígono haga mella de la propuesta de la narradora. La prosa destaca por su esmero formal que, sin embargo, se ocupa de relatar una historia en términos dramáticos. El libro está compuesto por nueve cuentos y/o relatos: “Ojos de ballena”, “Ya no canta el tecolote”, “Manos dormidas, “Miel”, “Aquí los muertos no cantan”, “El anillo gastado”. “La orilla mojada”, “Las mulas blancas”, “Luz de vela”.
            Si es verdad que los sucesos de este universo ficcional se desarrollan en una especie de pueblo rulfiano rural o semirural, es muy importe acotar que se encuentra a orillas del mar; es un espacio costero donde el mar y el agua cobran un simbolismo esencial que recorre las páginas del libro ya sea de manera explícita o subtextual. Tan sólo el primer cuento nos enfrenta con un conjunto de ballenas varadas en la costa, que detona una concepción personal en un sujeto y lo lleva a implicarse unitariamente con el cuerpo de este tipo cetáceos. Si bien, la prosa narrativa de este cuento inicia en este cuento con una forma tradicional, el final deja mucho espacio a la indeterminación, a la agencia simbólica e interpretativa del lector, así como a un acercamiento poético que enuncia al cuerpo como una morada para otros cuerpos. Un realismo mágico. Hay una reminiscencia evidente con el mito de Jonas, pero sólo en una pequeña porción. Lo demás se debe atribuir a la imaginación de la autora y su forma de versionar la estética rulfiana que sigue influyendo en los narradores contemporáneos, en tanto el campo sigue representando un espacio particular en el imaginario social: zonas desatendidas por el gobierno que prevén otra lógica, otra relación de los sujetos con su entorno y con otros sujetos.

            De pronto, según mi lectura, la prosa se va llenando de más y más metáforas, que “enrarecen” (sólo por decirlo así) las tramas y multiplican los sentidos. Se hace un juego formal con palabras muy cargadas de valencia poética, y el lector va entrando poco a poco en lo que al final se resuelve acaso en la prosa poética o el poema en prosa. Ya no importarían tanto los acontecimientos como el lenguaje mismo: el lenguaje es su propio acontecimiento, Se lleva a cabo un cruce de géneros, tan característica de nuestras estéticas posmodernas. La prosa se desborda. El cuento rebalsa sus límites. La escritura fluye de forma dramática convocando a la apertura. No deja de haber personajes, ni historias qué descifrar, pero las tramas son especies de tejidos al modo de constelaciones de imágenes, al modo de un onirismo, que puede significar tanto un reto como un gozo para el lector.
            El extrañamiento, como dispositivo lingüístico, me parece clave para leer o articular racionalmente la progresión hacia una nubosidad que relaciona de modo directo a la sujeto de la escritura con el cosmos y cómo este nos habla de forma individual por medio de símbolos, de forma “mágica”. En tal sentido, una literatura como la que se presenta en este libro deviene tanto un ritual como una reconexión con ese cosmos del que estamos en el fondo escindidos.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Próximos eventos

Don't Miss